Hay momentos en la vida en que uno debe sentirse agradecido por dedicarse a lo que hace. Agradecido a las personas que lo hacen posible y gran culpa de esta suerte la tienen personas como Davinia y Sergio. Ser fotógrafo de bodas en Toledo me ha dado la suerte y la oportunidad de compartir con ellos un día tan especial como el que vivimos el 14 de septiembre. Su cercanía y amabilidad. Sus sonrisas y complicidad. Su cariño y, sobre todo, sus ganas de ayudar en todo momento, su saber estar y su comprensión hicieron de la boda una de las que guardaré en la carpeta de «grandes bodas».

Me gustaría creer que nuestra relación profesional empezó a convertirse en personal desde la idílica preboda que vivimos en el embalse de Riocuevas, en Arenas de San Pedro (Ávila) hasta la bellísima boda que tuvimos en Toledo. Que el tiempo que hemos compartido con esos cientos de mensajes, llamadas, videollamadas, reuniones y mails hayan servido para entender por qué me dedico a la fotografía de bodas.

Sólo me queda desear que la pasión que pongo en cada boda les llegue a las parejas sintiendo que han acertado al elegirme como fotógrafo o videógrafo. Al menos en este caso desearía que así fuera.

Gracias Sergio, gracias Davinia.